Leer a los Santos Padres y a los clásicos medievales depara, de vez en cuando, alguna perla preciosa. Leyendo a santo Tomás de Aquino, encontré una imagen preciosa que os propongo en este tiempo de Pascua. Tomás no estaba con los apóstoles. Dice el Aquinate que su nombre significa «abismo» o «gemelo», y desarrolla el primer significado. El abismo se caracteriza por la profundidad y la oscuridad. Tomás es abismo por la oscuridad de su incredulidad; pero también es abismo por la profundidad de la misericordia que recibe de Cristo. Recordad ese bello salmo que dice: «Un abismo llama a otro abismo» (Sal 42,7). «El abismo de la profundidad, es decir, Cristo, llama, haciendo misericordia, al abismo de la oscuridad, es decir, Tomás; y el abismo de la obstinación, Tomás, llama, confesando [su fe], al abismo de la profundidad, Cristo» (santo Tomás de Aquino, Comentario al evangelio de san Juan, t. 10 [Edibesa, Madrid 2013]).
Seamos todos Tomás en esta Pascua: abramos nuestro abismo de frialdad, duda, tibieza, desconcierto… al abismo de amor misericordioso del Corazón del Señor.