Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Litúrgicamente, diciembre es un mes de escondimiento del misterio de Cristo. Belén es silencio, oscuridad y olvido de casi todos. El mes de enero, en cambio, es tiempo de manifestación litúrgica. Los misterios de la Epifanía, el Bau­tismo y Caná son acontecimientos de revelación de Cristo. Cristo se manifiesta a todos, más allá de las fronteras del pueblo elegido. La voz del Padre manifiesta a Cristo en el Jordán como el Hijo en quien se complace. Cristo, a instancias de María, se manifiesta en Caná con su primer milagro: «Mani­festó su gloria y sus discípulos creyeron en él» (Jn 2,11).

El año que comienza será un despliegue permanente de toda la persona y obra de Jesucristo, vividos especialmente en la liturgia de la Iglesia, una nueva oportunidad para que el Señor, que se nos quiere manifestar y revelar de manera íntima, descubra a cada uno el misterio de su Cora­zón. No es repetición de lo anterior, de tiempos pasados, de años precedentes: no sería Dios. Él, como Dios, es inagotable e infinito, y nunca «nos lo sabremos» suficientemente. Por eso, para vivir el Año litúrgico es necesaria la apertura del alma para conocerle más y mejor, para recibir más y mejor su gracia redentora, para corresponderle y amarle más y mejor. 

En Jesús y María,