Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

«La fe se fortalece dándola» (Redemptoris Missio, 2). Esta es una de las frases más potentes e impactantes del pontificado de san Juan Pablo II. Incluso parecería paradójica: dar para tener. El mes de las misiones es ocasión para que cada uno, según su vocación, se adentre en «las ansias redentoras del Corazón de Cristo». La adhesión al amor redentor de Cristo está en la raíz del apostolado, del anuncio, de la evangelización. Cristo, por su sangre redentora, quiere conquistar el mundo no por la fuerza, sino por la atracción del amor. «Mi voluntad es conquistar toda la tierra… Por tanto, quien quisiere venir conmigo ha de trabajar conmigo para que así después tenga parte conmigo en la victoria» (San Ignacio de LoyolaEjercicios espirituales, 93).

Cada uno tiene una llamada personal: la religiosa de clausura, como santa Teresa del Niño Jesús, siendo el amor escondido en la Iglesia; el misionero, en las llamadas tierras de misión con su «divina impaciencia», al modo de san Francisco Javier; los padres de familia, como María y José, ofreciendo a todos al Redentor. Nadie se queda sin tarea. La clave: descubrir, amar y unirse a las «ansias redentoras del Corazón de Cristo». Con oración y nuestros bolsillos, ¡ayudemos a los que misionan en vanguardia!

En Jesús y María,