Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Más de una vez he recordado el paralelismo entre las representaciones del Niño Jesús en la cunita de Belén, presidida normalmente por una cruz, y esa misma cunita que en la iconografía oriental tiene forma de ataúd. Jesucristo nace para morir. El nacimiento es el salto de un Dios que ama y busca a la humanidad. La muerte es la elevación de un Dios que ama y que quiere catapultar consigo a esa humanidad hacia la vida eterna.

Desde esta perspectiva se puede acercar uno al terrible misterio del año que estamos cerrando y que ha sido un «terremoto» para nuestra humanidad. No entenderemos nunca el porqué o, mejor, el para qué. Estoy convencido de que en todo hay un sentido que no escapa a la bondad y sabiduría del Dios que nace en Belén. Un día veremos la trama verdadera de este bordado que ahora solo vemos del revés, sin orden ni concierto, llena de muerte y tristeza. Descubriremos su belleza y la bondad divina que encerraba.

El fin de un año y el comienzo de otro es una oportunidad única para que sepamos que «a los que aman a Dios todo les sirve para el bien» (Rom 8,28). Nada se le escapa a un Dios que, por ser Dios, es bueno y sabio. En su designio de amor, vivió su Hijo en Belén y murió en el Calvario por nosotros. En su designio estás tú, para que te dejes alcanzar por su nacimiento y catapultar por su muerte y resurrección.

¡Feliz y santa Navidad a todos!

En Jesús y María,