Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

La carta con que, desde hace quince años, abro cada mes el número de Magnificat tiene una intención muy concreta: Magnificat no es un libro que añadir a la estan­tería, sino algo vivo. Esto lo manifiestan vuestros muchos testimonios, que agradezco de corazón. No dudéis en man­darlos, porque esconden una historia viva de relación con el Señor a través de este humilde instrumento.

Una persona querida, A. A., entrada en «juventud acu­mulada», me ha hecho llegar estas líneas que, con todo gusto, comparto con vosotros:

«Me cuesta recordar fechas, por lo que no puedo asegurarle en qué momento conocí su maravilloso Magnificat. Seguramente lo recibí de usted… Siempre llegan a mi casa revistas y libros de oración que leo con interés, pero, desde que abrí por primera vez su Magnificat, mi modo de vivir junto a Dios cambió. Cada día trae la oración y el salmo que llegan al corazón. Me gusta leer la misa despacio para prepararme para, cuando no puedo ir por mi mala salud, vivirla con la auténtica presencia de Dios. Cierro los ojos con las oraciones de la noche, aunque con ello rezo varios rosarios por distintas intenciones (uno de ellos por usted, padre). No sé si es correcto lo que hago con el librito del mes anterior, ya que arranco las oraciones que, por mucho que las repita, me siguen emocionando al hablar tan directamente con mi querido Jesús. Como ejemplo: “Estate, Señor, conmigo / siempre, sin jamás partirte, / y, cuando decidas irte, / llévame, Señor, contigo”».

En este mes del Sagrado Corazón, no se puede expresar mejor: «Hablar directamente con mi querido Jesús». Cercanía, intimidad y amor son las claves de esta espiritualidad sin igual, accesible a todos.

 

En Jesús y María,