Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

La lectura teológica de la historia nos permite descubrir que Dios siempre ha estado cerca de su Iglesia, de los fieles, incluso en los momentos más difíciles, suscitando papas, santos, fundadores… adecuados para esa época. En la medida en que se ha ido enfriando en gran parte de la humanidad el sentido de Dios, o esa humanidad vive de espaldas a él, la cercanía de Dios se ha dejado «tocar» con un mensaje vivo, cercano y encarnado.

Nuestra humanidad doliente atraviesa tiempos duros por la pandemia mundial. No es casualidad que, desde hace varios siglos, Dios haya suscitado una comitiva de santos que han ido salpicando la vida de la Iglesia con un mensaje de confianza: san Claudio de La Colombière –cuya memoria celebramos este mes–, santa Teresa del Niño Jesús, san Pío de Pietrelcina… Ante la zozobra e incertidumbre que atravesamos, ellos nos alientan con un mensaje que nos invita a apoyarnos con confianza total en el Corazón de Jesucristo:

Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda de ti todas las cosas, que he determinado vivir de ahora en adelante sin ningún cuidado, descargando en ti todas mis solicitudes. «En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque tú solo, Señor, me has confirmado en la esperanza» (Sal 4,10) (san Claudio de La Colombière). El camino del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre (santa Teresita). Abandonaos plenamente en el Corazón divino de Cristo, como un niño en los brazos de su madre (san Pío).

Todo ello no es más que la oración del salmista: «En ti, Señor, he esperado, que no sea confundido para siempre» (Sal 30,2; 70,1).

En Jesús y María,