El comentario de la portada

Santiago el Mayor por María Rodríguez Velasco

Entre las series realizadas por El Greco a lo largo de su carrera, destacan los apostolados, con las figuras de los doce apóstoles en torno al Salvador. Santiago el Mayor formaría parte de uno de estos conjuntos. Por su tardía realización, en los últimos años de la vida de El Greco, en su tratamiento se pueden sintetizar los rasgos que definen su particular e inconfundible lenguaje pictó­rico, fruto de la simbiosis entre la tradición oriental y la occidental.

El planteamiento general de la imagen responde al origen cretense del pintor y a la concepción oriental de los iconos como imágenes creadas para la contemplación, para transportar de la realidad física a la realidad espiritual, como recuerda san Juan Damasceno en su Discurso sobre las imágenes. A esto se suma la riqueza cromática del manto verde, fuertemente contrastado con la túnica gris, derivada de la estancia veneciana de El Greco. Allí admiró la pintura colorista de Tiziano, quien se convirtió en una de sus grandes referencias, pues las figuras de El Greco se constru­yen mediante manchas de color de ricos matices, rompiendo con los cánones establecidos en cuanto a proporciones e idealización, por lo que en ocasiones se le acusó de alejarse del decoro reque­rido a los artistas de su época, desatando no pocas controversias.

Del fondo oscuro emergen esencialmente el rostro, de inten­sidad expresiva por la vivacidad de la mirada, la mano, caracte­rística en las pinturas del cretense por su teatralidad y que aquí conduce nuestra mirada al atributo iconográfico, el bastón. Este motivo recuerda la predicación de Santiago en Hispania y se con­vertirá en motivo propio de los peregrinos a Compostela. El Greco trabaja en esta tabla con una gran sobriedad, respondiendo a la espiritualidad castellana del siglo XVI. 

 

El apóstol Santiago el Mayor, El Greco (1541-1614),Museo del Greco, Toledo. © akg-images/Album.

 * Santiago el Mayor (1610-1614)