El comentario de la portada

Mater Ecclesiae por Fleur Nabert-Valjavec

Durante sus años romanos, Pierre Claude François Delorme (1783-1859) se sumergió en la obra de Rafael, hasta el punto de llegar a la misma misteriosa inmovilidad de eternidad que rodea a las Vírgenes del maestro italiano. María parece movida por un aliento tan ligero que casi es más imperceptible incluso que el mur­mullo del velo que envuelve sus hombros. Por otro lado, la puesta en escena del siglo XIX es muy diferente de la del Renacimiento: sin cielo toscano, ni colinas de tejos recortados en el cielo. En este perfecto éxtasis místico, María se inclina sobre un objeto in absen­tia. Por supuesto, la imaginación piensa naturalmente en la cuna del Niño Jesús. Pero mirando las manos de María, el trabajo de perspectiva es muy claro: se salen del marco. La Virgen se inclina en realidad sobre el mundo en el que clava su mirada benévola.

Delorme, que ha decorado muchas cúpulas de iglesias pari­sinas, incluyendo la de Notre-Dame-de-Lorette, o la capilla de la Virgen de la iglesia de Saint-Gervais-Saint-Protais, está familiari­zado con la arquitectura y lo que puede aportar a la pintura ad extra. Porque, al final, el objeto de la oración de la Virgen está fuera del cuadro, en el espacio que rodea a la pintura. En cuanto a los colores elegidos por Delorme, el rojo y el azul, por tradicio­nales que sean –pues simbolizan la realeza mariana por la sangre derramada de su hijo Jesús–, están, sin embargo, empañados por un sfumato, que incluso hace que el brillo dorado desaparezca del cinturón. Es como si el mundo sobre el que María se inclina irradiara una luz negra. Y así parecen más luminosas sus manos de marfil. Una vez más, el sentido de la arquitectura de Delorme enriquece su trabajo: setenta y cuatro años antes de Auguste Rodin, hizo de estas manos una verdadera «catedral», aún más realista con estas finas falanges que forman un campanario vivo. En un mundo moderno que poco a poco está empezando a des­cristianizarse, Delorme pinta así una sublime Mater Ecclesiae que vela sobre el mundo.

Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

La Virgen María (1834), Pierre Claude François Delorme (1783-1859), capilla del castillo de Compiègne, Francia. © Dist. RMN-GP/Michel Urtado.