El comentario de la portada

Todavía no se ha manifestado lo que seremos... por Pierre-Marie Dumont

Andrea Mantegna (1431-1506) fue el gran iniciador del Renacimiento en el norte de Italia. Llamado por Ludovico Gonzaga, marqués de Mantua, se convirtió en su pintor oficial en 1460. No tenía 30 años. La Ascensión de Cristo data de este período. Cristo es llevado al cielo por una nube de querubines. Sostiene en la mano el estandarte victorioso de la cruz: «Ese día, la raíz de Jesé, padre de David, será erigida como un estandarte para los pueblos» (Is 11,10). «Todo está cumplido» (Jn 19,30) cuando Cristo, verdadero Dios muerto y verdadero hombre resucitado, regresa al seno del Padre, pero todo se manifestará solo en su glorioso retorno al final de los tiempos. «Queridos, desde ahora somos hijos de Dios, pero no se ha manifestado todavía lo que seremos.

Lo sabemos: cuando esto se manifieste, seremos semejantes a él porque lo veremos como él es» (1 Jn 3,2). La última mirada terrenal de Jesús se dirige a los discípulos de los que se aleja, y su expresión parece decirles: Pongo mi obra en vuestras manos hasta que vuelva: para lograrlo con hechos y en verdad, «amaos los unos a los otros como yo os he amado». Su mano derecha, llevada en forma de cetro, confirma que él es el Rabbí, el maestro de toda enseñanza, como Verbo del Padre. «Este es el mandamiento del Padre: tener fe en su Hijo Jesucristo, y amarnos los unos a los otros como él nos enseñó» (1 Jn 3, 23).

Mantegna representa a Cristo glorioso ascendiendo a los cielos como si pintara una estatua antigua. Su Jesús, hierático, frío, ciertamente no busca seducir a sus seguidores. El artista rechaza deliberadamente jugar con la subjetividad de los fieles: su Señor y su Dios no es un gurú. Mantegna, al invitarnos a contemplar con él al Hijo del hombre, nos abre al misterio de la fe en el poder y la exigencia de su verdad. Jesús será recibido en el seno mismo de Dios. A través de él, con él y en él, todo hombre adquiere una dignidad inconcebible, infinita. La ascensión testifica que, siguiendo a Jesús, la naturaleza humana no conoce límites: se sienta a la diestra del Padre en la comunión del Espíritu Santo.

Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

La Ascensión (Ca. 1460/1464), Andrea Mantegna (1431-1506), Florencia (Italia), Museo de los Uffizi. © Domingie-Rabatti/La Collection.