El comentario de la portada

La mirada entre un padre y un hijo por Pierre-Marie Dumont

El papa Clemente XIV († 1774) adquirió este Descanso en la huida a Egipto en 1772, para colgarlo en las paredes de la pinacoteca de los Museos Vaticanos que acababa de fundar. Esta encantadora obra está inspirada en «el milagro de la palmera » del conocido como evangelio del pseudo-Mateo. El relato cuenta que, al tercer día de la huida a Egipto, María, al ver una palmera a lo lejos, le pidió a José que la llevara hasta allí. Cuando la Sagrada Familia pudo descansar bajo la generosa sombra del providencial árbol, María expresó el deseo de saborear sus frutos.

José respondió que a tal altura la fruta era inalcanzable y que, además, antes de buscar fruta, tenía que ir en busca de agua porque ya no les quedaba más. Entonces, el niño Jesús le dijo a la palmera: «Inclínate, y alimenta a mi madre con tus frutos». Y la palmera se inclinó para que José pudiera tomar el fruto y ofrecérselo a María y a Jesús. Entonces Jesús dijo de nuevo al árbol: «Levántate y haz brotar la fuente clara que baña tus raíces». E inmediatamente apareció un manantial.

Rodeada de ángeles, María sostiene en su mano una vasija llena de agua del manantial milagroso. El niño Jesús toma un fruto de la mano de José. La mirada de profundidad insondable que intercambia con su padre testimonia que ambos descubren la dimensión simbólica de este gesto: lo que el niño Jesús recoge y va a consumir es nada menos que la pasión por la gloria de Dios y la salvación del mundo. María extiende la mano sobre él. No es este un reflejo del instinto maternal que quiere preservar a su hijo de todo daño. Es la imagen de la consagración de la Madre de Dios que acompañará el gesto de su hijo… hasta el pie de la cruz y hasta la sepultura.

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Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

Descanso en la Huida a Egipto, Francesco Mancini (1679-1758), Vaticano (Italia), Pinacoteca. © 2021, Photo Scala, Florencia.