El artículo del mes

Oremos por las intenciones del papa León por Pablo Cervera Barranco

Oremos por las intenciones del papa León confiadas a su «Red Mundial de Oración» durante el mes de septiembre 2026

Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esencia de la vida cristiana. Nuestra oración por el sucesor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la ­tierra, y con el papa León…»

El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apos­tolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito concreto que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.

Intención universal: Por el cuidado del agua

Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan acceso equitativo a ella.

El agua es el elemento sustancial necesario para todo tipo de vida, vegetal y animal. Es el elemento que se busca primero en la conquista del espacio. En el planeta Tierra constituye uno de los elementos más preciados, pues sin él no se podría vivir. Agua hay, y en abundancia, en todos los continentes. Otro asunto es su distribución o gestión. Alguien ha profetizado que las guerras del futuro podrán ser provocadas por la posesión de este sencillo pero riquísimo, y en tanto lugares bello, elemento de nuestra naturaleza. Pidamos que este elemento vital llegue a todos para que desarrollen su existencia de manera digna.

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Si con pocos problemas quieres ganar grandes bienes y ennoblecer tus miserables obras, aprópiate de los méritos de Cristo, y a través de tus obras humanas obtendrás sus promesas divinas; dale todo y recibirás todo de él. Por ejemplo, puedes decir y desear antes o después de cada acción: «Señor Jesu­cristo, en unión con el amor con que has alabado a tu Padre celestial y orado a él, con el cual trabajaste y sufriste tan graves cosas, concédeme realizar perfectamente estas oraciones y obras, por pequeñas que sean, para soportar todas las contradicciones con gozoso coraje para tu alabanza y por la prosperidad de tu Iglesia».

Domingo de Tréveris († 1461-1566)

Ofrecimiento diario por la Iglesia y por el mundo

V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.

R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él
por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros peca­dos
y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.