El artículo del mes
Oremos por las intenciones del papa León por Pablo Cervera Barranco
Oremos por las intenciones del papa León confiadas a su «Red Mundial de Oración» durante el mes de febrero 2026
Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esencia de la vida cristiana. Nuestra oración por el sucesor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tierra, y con el papa León…»
El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apostolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito concreto que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.
Intención universal: Por los niños con enfermedades incurables
Oremos para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesario, sin perder nunca la fuerza y la esperanza.
El dolor y la enfermedad de cualquier persona siempre nos interrogan e incluso hacen que nos rebelemos. El misterio se hace aún mayor cuando esas situaciones afectan a niños. Y si la enfermedad es incurable, sube de nivel nuestra frustración. Nos topamos con el misterio del pecado original y sus consecuencias. Ante todo ello, lejos de lamentarnos inútilmente, podemos ayudar: con nuestra cercanía, con la caridad, con la ayuda y apoyo en lo necesario. La atención médica tiene un valor formidable porque, ante lo incurable, no se rinde en su tarea. Toda esa atención y ayuda da esperanza a las familias en el difícil trago que suponen esas situaciones.
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Toda persona necesita un «centro» para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana. Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no solo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo.
Os invito, por tanto, a cada uno de vosotros a renovar su propia devoción al Corazón de Cristo, valorando también la tradicional oración de ofrecimiento del día y teniendo presentes las intenciones que propongo a toda la Iglesia.
Benedicto XVI, Ángelus, 1 de junio de 2008
Ofrecimiento diario por la Iglesia y por el mundo
V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.
R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él
por la redención del mundo.
Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu reino.
Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.