Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Solo ante Cristo crucificado, y por la acción del Espíritu Santo en el corazón humano, el hombre reconoce el propio pecado en toda su dimensión. No es, pues, una acción natu­ral, como si fuera una revisión psicológica. Debilidades y limitaciones las tenemos todos, e incluso podemos recono­cerlas. Pero el pecado va más allá: afecta a la relación per­sonal del hombre con Dios. Dios creador y redentor ofrece su amor, un amor que no es acogido. Hay un proyecto de Dios para que cada uno de nosotros lleguemos a ser ima­gen y semejanza suya, y hay una acción humana que da la espalda a esa plenitud que se nos ofrece.

El transcurso de las semanas de Cuaresma es una invi­tación a descubrir, sí, nuestro pecado, pero a hacerlo desde Cristo misericordioso en cruz. San Ignacio de Loyola hace que en los Ejercicios espirituales cada uno nos preguntemos: «¿Qué he hecho por Cristo? –Pecar. ¿Qué ha hecho Cristo por mí? –Entregar su vida en la cruz. ¿Qué debo hacer por Cristo? –Convertirme, seguirlo…»

Que el Espíritu Santo, igual que empujó a Cristo al desierto, derrame sobre ti y sobre mí, al final de la Cuaresma, un hondo conocimiento de Cristo redentor para que, aun­que muy pecadores, lo reconozcamos desde su misericor­dia y su perdón.


En Jesús y María,