Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat

«El mundo muere de frío, el alma perdió el calor, los hom­bres no son hermanos, el mundo no tiene amor». Esta estrofa de un canto conocido por todos nos ayuda a reflexionar en este tiempo de Cuaresma. Precisamente el papa Francisco tituló el año pasado su mensaje de Cuaresma con pala­bras de san Mateo (24,17), análogas a las del canto: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría». A veces nuestra imaginación y la de los artistas representan al Maligno entre las llamas del infierno. Tiene su motiva­ción. Curiosamente, Dante, en la Divina Comedia, lo repre­senta sobre un trono de hielo: «Salía el soberano del reino del dolor fuera de la helada superficie, desde la mitad del pecho» (Infierno XXXIV, 28-29). Allí no hay amor ni calor.

Nuestra caridad se enfría, se apaga y se hiela con la avi­dez del dinero y el rechazo de Dios, y todo se convierte en una amenaza para nosotros: el niño por nacer, el anciano, el enfermo, el extranjero. El amor se enfría en nosotros y en nuestras familias y comunidades por la acedia, el pesi­mismo, el aislamiento…

La Cuaresma nos da un aldabonazo para que, en la medida en que nos acercamos más y más al Cirio pascual, a Jesucristo resucitado, nos despojemos de todo ello y deje­mos que el Corazón traspasado y vivo del Señor caliente y dé vida a nuestras personas y comunidades.

 

En Jesús y María,