Cuando yo era pequeño y viajábamos toda la familia en el coche, para que el trayecto no se hiciera largo jugábamos a aquello de: «De la Habana ha venido un barco cargado de cosas que empiezan por la letrita…», y todos los hermanos íbamos diciendo palabras. Esta vez, el barco salió de Bilbao y llegó a La Habana cargado con cuatro palés de Magnificat, 1200 kilos. Ha sido hermoso retomar, tras años, estos envíos gracias a la financiación de la Fundación Universitaria CEU-San Pablo.
En nuestra sociedad consumista, en estas semanas todo serán compras con ocasión de la Navidad. No está mal hacer regalos si los relacionamos con el verdadero regalo que se nos da en estos días: el Niño Jesús. Si no, ¿por qué no regalar a mitad de septiembre?… Al Niño también le traen dones los Reyes Magos de Oriente. Caer en la cuenta de este don del cielo es lo más importante de los días de Navidad.
Ahora que acaban de llegar a La Habana los Magnificat, desde la isla hermana siempre nos muestran su agradecimiento por el gran regalo que supone para ellos este instrumento de oración. Nosotros lo tenemos más al alcance que ellos y quizá no reparamos suficientemente en el don que supone tener la Palabra de Dios y la liturgia de la Iglesia a nuestro alcance. Seamos agradecidos por tantos regalos del cielo.