El comentario de la portada

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen por María Rodríguez Velasco

Lo humano y lo divino se funden en esta pintura de la infan­cia de la Virgen, inspirada en textos apócrifos y presentada como una escena cotidiana de la Sevilla del siglo XVII. Un tenue halo de santidad dignifica a santa Ana, trabajada con carácter escultórico, a partir de ropajes envolventes que enmarcan la humanidad de su rostro. Su mirada se cruza con la de María, revestida anacró­nicamente, en consonancia con la moda infantil de la época del pintor. El gesto de santa Ana nos conduce hasta el libro, motivo revestido de simbolismo, pues desde la Edad Media se conside­raba que la madre de la Virgen, al enseñarle a leer, introducía a su hija en la comprensión del Antiguo Testamento y se convertía para ella en modelo de virtud y piedad. En el arte de la Contra­rreforma, cuando las imágenes eran instrumento para afirmar los principios negados por el protestantismo, esta escena servía para exaltar a la Virgen y a los santos, en este caso a partir de santa Ana.

El carácter sacro de la escena se explicita mediante los ángeles que coronan a la Virgen con una guirnalda de rosas, flores que expresan alegóricamente el amor místico, connotación que Murillo conocía por tratarse de uno de los máximos exponentes del aca­demicismo sevillano. La precisión técnica con la que se trabaja este detalle, heredada de su maestro Juan del Castillo, encuen­tra correspondencia en el cesto de costura, inspirado en objetos cotidianos, que podría recortarse como bodegón independiente por su tratamiento naturalista. El espacio doméstico se construye con referencias clasicistas, que enfatizan la monumentalidad de las figuras, y ven cegada su perspectiva por la luz vaporosa que diluye las formas del paisaje, contribuyendo a subrayar el realismo poético propio de las escenas que Murillo trabaja para las órdenes religiosas de Sevilla, ciudad por la que llegó a renunciar al puesto de pintor de cámara del rey Carlos II.

 

 Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), Museo del Prado, Madrid.

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