El comentario de la portada

Contemplación maternal por Pierre-Marie Dumont

«Es como Dios, se le conoce solo por sus obras», se dice de Bernardino Luini († 1532). De hecho, lo esencial de su existencia nos es desconocido. Fue ante todo un pintor de frescos, y desplegó en este arte un genio original que iguala a los más grandes. Sus obras sobre lienzo en forma de retratos, como esta Virgen con el niño, son más discutidas, debido principalmente a su asombrosa proximidad al estilo y manera de Leonardo da Vinci († 1519). En el siglo XIX, los románticos elevaron los retratos de Luini a lo más alto. Balzac y Stendhal se declaran impactados por los ros­tros de sus heroínas. Sin embargo, algunos cuadros de Leonardo se atribuían a Luini y viceversa. En el siglo XX, decae la fama de Luini, hasta el punto de que tan solo es considerado un buen imitador de Leonardo. Nadie se informó de que si los retratos de mujeres de ambos son tan parecidos es, por una parte, porque los dos se formaron en el mismo momento en la Escuela lom­barda y, por otra, porque las mujeres de Leonardo y las mujeres de Luini recorrían las calles y las campiñas de Lombardía, y allí eran todas increíblemente bellas. De estas mujeres, Stendhal dijo: «Algo puro, religioso, anti vulgar late en sus rasgos». Así, no es Leonardo quien influyó en Bernardino, sino más bien la Lombar­día la que sirvió de maestra y modelo a uno y otro.

Aquí tenemos a la Madre del Salvador. Ya no es una niña, pero no deja de reflejar la frescura de una mujer en su primera aurora, una mujer que nunca ha sido ni será rozada por la vejez. Su angélico pudor no vela la belleza humana de su rostro; su ter­nura no oculta su gravedad. Sumerge sus grandes ojos en los de su hijo, y esa mirada dice tanto de la cercanía del amor materno como de la distancia de la adoración. ¡Qué misterio el de este niño y su madre, mirada que se clava en la mirada, escrutándose de alma a alma! Con gestos familiares impregnados de una gracia misteriosa, María sostiene con una mano a su hijo, y con la otra el Libro de las Horas –en cierto modo, su Magnificat–, pues su oración diaria de los salmos y cánticos le proporcionó las palabras y las imágenes de su espontánea acción de gracias.

 

[Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco]

Pierre-Marie Dumont

 

La Virgen y el niño (siglo XVI), Taller de Bernardino Luini (v. 1480 - 1532), The National Gallery, Londres, Reino Unido.

© Dist. RMN-GP / National Gallery Photographic Dpt.