El comentario de la portada

«¡Vosotros sois la luz del mundo!» por Pierre-Marie Dumont

Jesucristo es Luz de Luz. Al querer manifestar estas dos ver­dades en la construcción de iglesias, los arquitectos cristianos, en el siglo XII, inventaron el arco apuntado y la bóveda ojival, que permitían equilibrar las fuerzas sobre los pilares. Las paredes no tenían ya que soportar el peso de la estructura y podían estar cons­tituidas de grandes vidrieras que dejaban que la luz inundara la nave. El arte «francés» (porque se manifestó y se desarrolló en la Île-de-France), llamado más tarde «gótico», había nacido. Este arte original, tan luminoso como refinado, iba a conquistar toda la cris­tiandad. Pero la Luz de Luz es por siempre el Verbo encarnado. Era necesario que la luz que bañaba el edificio sagrado no fuera silenciosa, sino que se expresara como palabra de Dios y palabra humana a la vez. Este milagro lo consiguió el cambio de las vidrie­ras en monumentales franjas pintadas tan traslúcidas como viva­mente coloreadas. Así, la Iglesia de la enseñanza encargó en cierto modo a la luz que transmitiera su mensaje sobre la Luz de Luz.

He aquí un detalle de la Vidriera de los Apóstoles, realizada entre 1210 y 1225, que es la vidriera central de la capilla axial de la catedral de Notre-Dame de Chartres. Este detalle representa el envío a evangelizar de los dos hermanos y apóstoles Pedro y Andrés. Ojalá que esta analogía de la luz nos introduzca en las realidades sublimes que están en juego en la misión de evange­lizar: se trata nada menos que de invitar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a pasar de las tinieblas a la admirable luz divina. ¿Cómo podemos ser creíbles en esta misión? Confor­mándonos a Jesucristo, Luz del mundo. 

 

Pierre-Marie Dumont

[Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco]

Cristo envía a san Pedro y san Andrés a predicar (Ca. 1210-1225), detalle de la Vidriera de los Apóstoles, catedral de Notre-Dame, Chartres, Francia.

 © Jean-Paul Dumontier/La Collection.