El comentario de la portada

Tota pulchra es por Pierre-Marie Dumont

Bajo el reinado de Carlos de Luxemburgo († 1378), el reino de Bohemia (actual República Checa) se convierte en uno de los focos más vivos del renacimiento internacional del arte francés (francigenum opus), denominado impropiamente «arte gótico». Este renacimiento atraviesa su siglo de oro entre 1350 y 1450. De ser un arte monu­mental al servicio de la Iglesia, el arte francés evoluciona, por una parte, hacia un arte de corte y de aficionados burgueses, orientado tanto a la devoción privada como pública, llegando incluso a ofrecer una producción profana. Este busto de la Virgen María se realizó en Praga hacia 1390. Cabe señalar que no fue esculpido en piedra ni en madera, sino en terracota posteriormente policromada. Se trata de un objeto de devoción privada, que anticipa dos elementos –nue­vas técnicas y nuevos destinos para las obras– que iban a favorecer, unos cincuenta años más tarde en Florencia, la eclosión del primer Renacimiento italiano.

Contemplemos, pues, esta escultura en la que el realismo de las formas logra combinar el encanto humano de la feminidad más gra­ciosa con un alto significado espiritual. A partir de la sagrada alianza entre la gracia de Eva antes del pecado y la gracia de la Virgen Inma­culada, el artista ha sabido representar un ser de una belleza profun­damente conmovedora. María está aquí tal como la Escritura nos la revela: una joven llena de gracia, toda hermosa y reina nuestra. A este respecto, las representaciones de la Virgen coronada empezaron a aparecer en el árbol de Jesé, para indicar el linaje real de María, de la casa de David. Luego surgieron Vírgenes inspiradas en la mujer del Apocalipsis, coronadas de estrellas. Por último, a partir del siglo XII, aparecieron imágenes de la Coronación de la Virgen por parte de Cristo, como culminación de la Asunción. Aquí, la corona recoge todos estos significados, a fin de suscitar nuestro canto de devoción hacia la que Dios nos ha dado como soberana en la tierra y en el cielo.

No se nos pierde, no; se va y se queda.

Coronada de cielos, tierra añora

y baja en descensión de Mediadora,

rampa de amor, dulcísima vereda.

Gerardo Diego


Pierre-Marie Dumont

[Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco]    

 

 Virgen coronada (Ca.1390-1395), Nueva York,Museo Metropolitano de Arte, The Cloisters Collection.Fotografía: dominio público.