El comentario de la portada

El más hermoso de los hijos de los hombres por Pierre-Marie Dumont

Discípulo de William Bouguereau, Émile Munier (1840-1895) se inscribió con él en la corriente artística del academicismo, movimiento que abogaba por la vuelta a los valores y las técnicas clásicas. Contestado por el simbolismo y por el impresionismo, el academicismo fue calificado burlonamente de «arte pompier»; y, sin embargo, nada menos pompier que la pintura de Munier. La mayoría de sus retratos de niños y adolescentes son capaces de capturar una actitud corporal, una mímica facial y una profundidad de la mirada que revelan el alma encerrada en la conmovedora expresión de la infancia. Munier tenía el arte de revelar las bellas almas de los niños, y la Florecilla, su contemporánea Teresa de Lisieux († 1897), llevaría al santoral su más delicado esplendor.

En 1885, para la primera Comunión de su hija, Marie-Louise, Munier pintó al Niño Jesús que adorna la portada de este mes de Magnificat. Más tarde, su hija dirá de él: «Mi padre tenía un don especial para divertir a los niños. Le oí decir que a veces se aburría en compañía de adultos, pero nunca con los niños. Sabía valorarlos tan bien en la pintura como en la vida cotidiana». ¿No pertenece el reino de Dios a los que se parecen a ellos?

Esta imagen del Niño Jesús nos invita a meditar sobre el hecho de que los treinta años que el Hijo de Dios vivió en Nazaret revelan con pleno derecho su obra salvadora. El mundo fue salvado tanto por la vida oculta del Niño Jesús como por la vida pública del Jesús adulto: es toda su vida, desde el seno de María hasta su muerte en la cruz, lo que el Hijo ofreció al Padre por nosotros y por nuestra salvación. Por eso, cuando el Tentador nos sugiere que despreciemos nuestra vida ordinaria, contemplemos al Niño Dios y reconozcamos que es, ante todo, en la humildad donde se verifica nuestra propia vocación, donde Dios hará maravillas de nuestra vida.

Pierre-Marie Dumont

Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

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Jesús (1893), Émile Munier (1840-1895), colección privada. © Christie’s Images/Bridgeman Images.