El comentario de la portada

La mano que habla por Pierre-Marie Dumont

El Maestro Bertram († 1414) tenía el taller más importante de Hamburgo (Alemania). Su obra maestra es el monumental reta­blo del altar mayor de la iglesia de San Pedro. Colocado en 1383, sigue siendo impresionante por sus dimensiones: ¡7,26 metros de ancho y 2,77 metros de alto! Sus tres alas interiores están decora­das con setenta y nueve figurillas esculpidas y policromadas, sus cuatro alas exteriores incluyen veinticuatro escenas pintadas. Uno de estos cuadros, La creación de los astros, embellece la portada de su Magnificat, en este segundo mes del año de gracia de 2017.

El Dios Creador está representado en forma humana. Está revestido de una toga roja, color divino por excelencia, símbolo del imperio de su omnipotencia sobre el universo visible e invisible, pero también testimonio del amor divino. Porque Dios es Amor, y Amor desbordante; Dios es Creador: «Dios nos amó primero» (1 Jn 4,19). El Creador lleva también una larga túnica azul, color del cielo donde él permanece y color de la eternidad.

Para significar el texto bíblico, «Dijo Dios: “Que haya lumina­rias en el firmamento del cielo” […] y Dios vio que era bueno» (Gén 1,14-18), el artista presta al Creador un gesto significativo de la mano. En el Antiguo Testamento, la expresión «la mano de Dios» da cuenta de la voluntad soberana, la omnipotencia y la fuerza invencible que son atributos divinos. Finalmente, esta mano que habla significa el Verbo que está en acto y que produce el efecto. El misterio de la encarnación ya está revelado en el mis­terio de la creación.

En realidad, el artista personifica aquí a la Santísima Trinidad: el rostro barbudo evoca al «Anciano», al Padre; el manto rojo, el fuego del Espíritu Santo; la mano creadora, al Verbo, el Hijo Unigénito.

Dios dice, y lo que dice se hace al instante: de una manera que roza la abstracción, el Maestro Bertram representa el cielo en un rincón del universo invisible, dorado, donde está Dios. Las estrellas, la luna y el sol son representados con una poesía muy franciscana:

Alabado seas, tú, mi Señor, con todas tus criaturas,

especialmente por el hermano Sol,

por el que nos das el día, la luz.

Alabado seas, tú, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas:

en el cielo tú las creaste claras, preciosas y hermosas.

 

 

Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

 

La creación de los astros, detalle del retablo de Grabow (1379-83), Maestro Bertram de Minden (v. 1345-v. 1415), Kunsthalle, Hamburgo, Alemania. © Artothek / La Collection.