La obra de arte

Puerta de la Coronación, Ca. 1204-1210 por Puerta central del transepto norte de la Catedral de Chartres (Francia)

Uno de los máximos exponentes de la renovación arquitectónica que se introduce en la Francia del siglo XIII es la catedral de Chartres. Su construcción se convierte en emblema del clasicismo gótico por la perfección de sus proporciones y por la estética de la luz coloreada de sus vidrieras, capaz de transfigurar la realidad material en imagen de la Jerusalén celeste en la tierra. La monumentalidad de esta catedral es espejo de su historia y de la profunda religiosidad de todo un pueblo que se implicó de forma directa o indirecta en la elevación del gran templo.

Para comprender su historia, es necesario remontarnos al siglo IX, concretamente al año 876, cuando el rey Carlos el Calvo dona al santuario existente en este emplazamiento una reliquia mariana, la túnica que la Virgen llevó en el momento del nacimiento de Cristo. La preciada reliquia comenzó a atraer a numerosos peregrinos, por lo que fue necesaria la construcción de una catedral románica, impulsada por el obispo Fulberto en la primera mitad del siglo XI.

Se definió entonces una construcción inspirada en las iglesias de peregrinación de los caminos compostelanos, con planta de cruz latina, tres naves y cabecera con amplia cripta para la custodia y veneración de la reliquia, a la que podían acceder los peregrinos desde el espacio transversal o transepto, o desde la prolongación de las naves laterales, de modo que no se molestara a los fieles que asistían a la liturgia en la nave central.

Esta catedral, sin embargo, sufrió dos incendios en el siglo XII, tal como se recoge en los Milagros de la Santísima Virgen María en la iglesia de Chartres, escrito por un canónigo local hacia 1210. El primero, en 1134, afectó esencialmente a la fachada occidental, pero el segundo, entre el 10 y el 11 de junio de 1194, de mayor alcance, dejó prácticamente en ruinas la construcción románica y afectó a buena parte de la ciudad. Las crónicas de Chartres recogen la desolación del pueblo, pues consideraban que habían perdido la preciada reliquia, su protección frente a todos los peligros. Sin embargo, al comprobar que milagrosamente se encontraba intacta, se organizó una procesión por la ciudad y muchos habitantes de Chartres se comprometieron a donar sus bienes para la construcción de un nuevo templo de mayores dimensiones.

Los gremios se unieron para iniciar las obras en el mismo año de 1194, alentadas en este caso por el cardenal Melior de Pisa. La construcción comenzó, como es habitual, por la cabecera, respetando la disposición y estructura de la cripta anterior del siglo XI, al igual que se mantuvo la traza de tres naves y la presencia del IV transepto para acoger a los peregrinos en el espacio arquitectónico próximo a la reliquia. Respecto al alzado, la gran novedad de la nueva construcción gótica es el cuerpo de vidrieras coloreadas, muchas de ellas con escenas propias de la vida de la Virgen, que nos recuerdan que es María la verdadera protagonista de la catedral.

La dedicación mariana se refleja también en la mayor solemnidad de ciertas festividades (Purificación, Anunciación, Asunción y Natividad de María), que unían a la celebración litúrgica ferias en las calles y plazas anejas a la catedral que quedaban bajo la jurisdicción del deán catedralicio y congregaban a gran número de fieles.

A medida que se consolidaba la empresa arquitectónica, crecía en la catedral de Chartres una gran escuela de pensamiento, donde destacó entre 1200 y 1210 el canciller Pierre de Roissy, autor de Manual sobre los Misterios de la Iglesia, texto que presenta la geometría como clave para la armonía de las formas y, por tanto, como medio para alcanzar la belleza en su sentido más pleno. La idea de los cánones geométricos la expresó también en este entorno, de forma más práctica, Villard de Honnecourt, arquitecto que nos ha legado el libro de modelos arquitectónicos más conocido de la arquitectura gótica. Sus dibujos de arcos y bóvedas se acompañan de los apuntes del propio arquitecto, quien compara la armonía de las estructuras arquitectónicas con las proporciones musicales, siguiendo la estela de la estética agustiniana.

Entre los escritos de la escuela catedralicia de Chartres se han encontrado algunos que explican el significado de los programas escultóricos de sus portadas. Entre estas portadas destaca la del transepto norte, tallada entre 1204 y 1210, con un tímpano central que culmina con la Coronación de la Virgen. Tanto su estética como la selección de escenas y personajes evidencian la renovación del lenguaje escultórico gótico, que tiende a una notable humanización, y de su iconografía, con mayor protagonismo de la Virgen y de los santos, protectores y patrones de los gremios urbanos. El tímpano que contemplamos relata plásticamente tres escenas de la vida de la Virgen, inspiradas en los apócrifos asuncionistas, que ya se habían generalizado en las catedrales anteriores del gótico francés: dormición, asunción y coronación de la Virgen.

El tímpano único, dominante en el románico, deja paso a la estructura de registros superpuestos que favorece la disposición narrativa de los episodios. Entre estos cobra especial relevancia por su monumentalidad la escena de la coronación de la Virgen, presentada como Reina de la Iglesia bajo la forma de un templete arquitectónico que se convierte en la referencia espacial más destacada del relieve, si bien todavía no podemos hablar de tridimensionalidad.

El programa iconográfico se concibe como unidad, por lo que cada figura y escena adquiere sentido pleno en relación al conjunto, y estas escenas centrales encuentran su correspondencia en las arquivoltas, o arcos superiores, en el parteluz, o columna central, y en las jambas, soportes que refuerzan lateralmente el pórtico.

Mientras en las arquivoltas se subraya la glorificación de la Virgen mediante la representación de ángeles y del árbol de Jesé, el parteluz acentúa su humanidad al presentarnos una Virgen niña en brazos de santa Ana. Su presencia no es casual, pues, como recogen las crónicas de la ciudad, mientras se trabajaba en la obra catedralicia, en 1204, los cruzados trajeron desde Constantinopla otra reliquia que donaron a la nueva catedral: la cabeza de santa Ana. Su imagen nos recuerda este hecho y a la par la creciente devoción a los santos en las ciudades del medievo.

En las jambas se representan figuras del Antiguo y Nuevo Testamento, afrontadas en su disposición y seleccionadas por el criterio de prefiguración, pues muchas de ellas anticipan al propio Cristo, siguiendo las analogías trazadas por los escritos patrísticos. En primer lugar, por el cáliz y el incensario identificamos a Melquisedec, sacerdote del Antiguo Testamento que anticipa el sacerdocio de Cristo. Frente a él, san Pedro como sucesor de Cristo. Junto a Melquisedec se dispone a Abrahán en el instante de sacrificar a Isaac, prefiguración más notable del sacrificio de Cristo que, a su vez, introduce el carácter narrativo en las jambas, hasta entonces únicamente de carácter presentativo. Frente a él, san Juan Bautista señalando al Cordero que quita el pecado del mundo. Cierran la composición Moisés, con las tablas de la ley, y el anciano Simeón portando a Cristo, símbolo de la nueva ley. En relación a todas estas figuras, la Virgen se presenta como nexo entre Antiguo y Nuevo Testamento, como «perfección de los profetas», en palabras de san Agustín.

Respecto a modelos anteriores, las esculturas del transepto de Chartres acentúan su volumen mediante los pliegues que definen sus vestimentas, o la ruptura de la frontalidad, y subrayan su humanización con rasgos individualizados, gestos y expresiones que se alejan de convencionalismos. Además, en origen, la riqueza decorativa se vería potenciada por la aplicación de policromía. La belleza de la escultura de Chartres preparaba a los peregrinos para entrar en la iglesia, imagen de la Jerusalén celeste en la tierra, y venerar la reliquia mariana que da sentido a tan magna construcción.

María Rodríguez Velasco Profesora de Historia del arte, Universidad CEU San Pablo, Madrid

 

Puerta de la Coronación, Ca. 1204-1210 Puerta central del transepto norte de la Catedral de Chartres (Francia)

© Jean-Paul Dumontier/La Collection.