Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Hace unos meses caía en la cuenta, y os lo decía, que la Virgen nos acompaña en la liturgia con alguna celebración mensual. Hoy daría un paso más. Todo el año civil se abre teniéndola a ella como Puerta: el 1 de enero celebramos la Maternidad divina de María. Es decir, María es el principio y el horizonte para que vivamos este nuevo año nuestra vida cristiana.

Pero en este año 2017 hay algo más: celebramos el primer centenario de las apariciones de la Virgen a los pastorcitos de Fátima, aquel mensaje de oración y penitencia. En el año 1917 el mal, la tiranía y la tortura extendieron sus errores por el mundo. La generación que ya va dejando este mundo nunca pensó que el Muro de Berlín caería o que el comunismo desaparecería: el mal parecía y estaba muy arraigado. Sin embargo… de aquello ya no queda piedra sobre piedra. Muchos factores convergieron en el derrumbamiento pero sobre todo la oración y el martirio rompieron las cadenas del odio y de la muerte… allí.

Hoy hay muchas cadenas de muerte y odio que se yerguen a lo largo del planeta. ¿Por qué tanto mal? El Maligno existe y siempre está detrás de todos esos males que le sirven para dar zarpazos a la humanidad: en la familia, en las guerras, en el terrorismo, en explotaciones de todo tipo… La victoria que vence al mundo y al mal será siempre nuestra fe (1 Jn 5,4).

Ese fue el núcleo del mensaje de la Virgen en Fátima que san Juan Pablo II nos hizo entender como nadie. Renovemos, pues, nuestra mirada a la Estrella («¡Mira a la Estrella, invoca a María!», decía san Bernardo) y vivamos este año centenario mariano de Fátima desde una fe profunda.

En Jesús y María

Pablo Cervera Barranco