Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

 Querida familia Magnificat:

El 13 de octubre de 1917 la Virgen se apareció por última vez a los pastorcitos de Fátima. Setenta mil personas, periodistas incluidos, fueron testigos ese día del «milagro del sol»: «Al mediodía, tras una fuerte lluvia que paró de repente, las nubes se abrieron frente a los ojos de todos y el sol apareció en el cielo como un disco luminoso opaco, que giraba en espiral y emitía luces coloridas». Un mes antes, la Señora había anunciado: «Haré el milagro, para que todos crean». El fenómeno duró alrededor de 10 minutos y está en la lista oficial de milagros reconocidos por el Vaticano. «Una vez desaparecida Nuestra Señora en la inmensa distancia del firmamento, vimos, al lado del sol, a san José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul», declararon los pastorcitos.

En esta última aparición, pues, brilló ante ellos la imagen de la Sagrada Familia de Nazaret. Años más tarde, sor Lucía escribía al hoy cardenal Cafarra: «La confrontación final entre el Señor y el reino de Satanás se relacionará directamente con la familia y el matrimonio». No tiene nada de extraño. Es muy coherente puesto que Dios, Trinidad de Personas, que es amor y fuente de vida, tiene en el matrimonio y la familia su reflejo y semejanza: sede del amor y de la vida. Satanás es el anti-amor, el anti-Dios, y de ahí que sea muy plausible la frase de sor Lucía. Alguno me dirá: los hechos diarios lo confirman. Es verdad, le respondo.

En este contexto, el llamamiento de la Virgen en Fátima (recordad que celebramos el centenario este año) sigue con vigor inaudito: la oración (especialmente el Rosario), la Eucaristía, la penitencia. La Virgen habló hace cien años para todos, y nosotros podemos acoger filialmente su mensaje. Hagámoslo. La Madre merece nuestra credibilidad. Por nuestro bien. 

En Jesús y María