Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Este mes de noviembre nos acerca al final del Año de san José, que ha sido una gran gracia para toda la Iglesia. Gran parte de los católicos habrán descubierto en estos meses la figura señera de san José. Me impresiona la cantidad de publicaciones aparecidas para acercar a san José al Pueblo de Dios y al Pueblo de Dios a san José. Creo que este encuentro recíproco traerá muchas gracias para todos y servirá para que a san José le imitemos y «le demos la lata», pues gran intercesor es: «No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer», decía santa Teresa de Jesús (Libro de la Vida 6,6). La intercesión de san José supera las expectativas de nuestras súplicas. Ningún santo «cubre» tanto el abanico de nuestras necesidades corporales y espirituales, como decía la Santa:

«Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide» (Vida 6,6).

Como veis, siempre nos quedará «ir más a José». Este Año santo ha sido un entrenamiento. Quedémonos a la sombra de san José, hasta que acompañe nuestro tránsito a la eternidad en la hora de nuestra muerte.

En Jesús y María,