Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Conocí en una sacristía a C. A. D., enamorado y apóstol de Magnificat. A los pocos días, me escribió unas líneas llenas de afecto:

«Estuvimos hablando brevemente de la grandísima labor de apostolado que hace Magnificat. Le mencioné que mi suegra y mi tía lo disfrutaron desde el primer número hasta los últimos días de su vida, que fue larga, ejemplar y fructífera. También mi madre, Sabina, de 95 años, lo reza con profundo afecto; está en una residencia y, desde que se levanta, todo su afán es distribuirse el día para que le dé tiempo a rezar laudes, seguir la misa por 13TV con Magnificat en las manos (complementa su deteriorada audición) y vísperas, amén del rosario. La telefoneo antes de que se acueste y su saludo es: “Me he rezado tu libro (?), me ha dado tiempo”. Magnificat se ha convertido en su referencia espiritual y temporal. Dejaba los ejemplares atrasados a la vista de los otros residentes y siempre había alguien que los ojeaba, bien los poemas o las antífonas, bien las lecturas y, sobre todo, las fotos de arte. Ahora, con la pandemia, se le amontonan en el armario y se siente “frustrada”».

Y también añadía en su carta algo que nadie nos había dicho hasta ahora: «Me permito felicitarles por incluir cantos en la aplicación del móvil y la antífona mariana en gregoriano, si no, se nos esconde entre las clausuras». Gracias por estas líneas, querido Carlos. Que cunda el ejemplo de hacer llegar Magnificat a mucha gente, empezando por los propios…

¡Feliz Pascua de resurrección!

En Jesús y María,