Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

El año civil se abría con la Madre de Dios como puerta y faro para toda la vida del cristiano: la Virgen María como «memoria» (Juan Pablo II) a quien dirigirnos para bucear y asimilar el misterio de Cristo, su Hijo. Tradicionalmente la piedad cristiana dedica el mes de mayo, mes de las flo­res, a venerar de modo especial a la que Cristo nos dio como Madre (Jn 19,27). María, siempre presente en el caminar cristiano…

El día 13 de este mes celebraremos el centenario de las apariciones de nuestra Madre a los tres pastorcitos de Fátima. Las apariciones de la Virgen, aprobadas por la Iglesia, expresan su maternidad espiritual hacia nosotros, es decir, su cercanía y amor, su premura materna, su cui­dado en nuestras necesidades. El corazón materno de María se hizo presente en Fátima para el bien de toda la huma­nidad: librarnos del Maligno, enmascarado en el entonces reciente comunismo soviético, con nuestra colaboración. Los niños de Fátima (Dios siempre escoge a los pequeños para su plan de salvación), Jacinta, Francisco y Lucía, acogieron el mensaje y lo transmitieron a la Iglesia. Hoy aquel peli­gro parece que no nos amenaza ya, pero otros muchos han emergido. Ello hace que la petición y mensaje de la Virgen no caduquen. Ante el mal en el mundo, ante el Maligno, las armas para la victoria serán siempre la Eucaristía, la oración (el rezo del Rosario) y la penitencia.

En Jesús y María,

Pablo Cervera Barranco