Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Hace unos años, en una tanda de Ejercicios espirituales a sacerdotes en Palencia, el jesuita que la dirigía, en un determinado momento, hizo una pregunta provocadora: «¿Qué pasaría si un sacerdote quedara parapléjico tras un accidente? ¿Ya no podría “hacer” nada al estar imposibilitado para subir al monte con jóvenes, visitar enfermos…? ¿Dejaría de “ser” sacerdote?». Él mismo dio la respuesta: en la base de la vida cristiana, para todos, está el ofrecimiento. Es verdad, eso es lo más característico del cristianismo: la consagración, el ofrecimiento. De hecho, en el bautismo somos «consagrados / ofrecidos al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo».

Muchos miembros de la familia Magnificat estamos enfermos. Nuestra situación, lejos de provocar en nosotros tristeza o desesperanza, debe estar alimentada por el sabio consejo del jesuita mencionado: aunque no «podamos hacer nada», siempre podemos renovar diariamente nuestro ofrecimiento, nuestra ofrenda. Eso es la Eucaristía, al fin y al cabo: ofrenda eterna de Jesús con valor redentor. Enfermo, que quizá lees estas líneas (y cualquiera, pues esto vale para todos): con ironía te digo que en esto me siento muy catalán. No dejes de ofrecerlo todo para que no se pierda nada…

En el mes en que se celebra el día mundial del enfermo, con la mirada puesta en la gruta de la Virgen de Lourdes, estas líneas brotan de lo que trato de vivir…


En Jesús y María,

Pablo Cervera Barranco