Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Un profesor universitario amigo, R. R. S., ha tenido la bondad de enviarme estos párrafos. Te lo agradecemos en nombre de todos los que hacemos mensualmente Magnificat.

Quería darte las gracias porque Magnificat es como una tabla de salvación en medio de la vorágine del mundo. Es, al mismo tiempo, una brújula que indica el camino y un trampolín que proyecta. Lo llevo conmigo a todas partes y sobre todo en los viajes es una compañía inmejorable. Tengo la funda de plástico tan deteriorada que, cuando vaya a San Pablo, tendré que comprarme otra. En casa compramos dos ejemplares y en la de mis padres, a través de la parroquia, otros dos. Yo los colecciono. Algunas de sus secciones –la de Arte con María Rodríguez, por ejemplo– son como una isla de paz en medio de…, en fin, en medio de todo esto en que estamos todos sumidos. La Belleza salvará al mundo. Durante estos meses [NdR: de confinamiento por la pandemia], he podido acceder también a la versión digital. Entre tanto horror y tanta desolación, la Semana Santa ha tenido otro sentido y Magnificat ha estado ahí para recordar que la Luz brilla aunque los hombres no la reconozcan. Ha sido una inspiración para algunas de las cosas que he tenido que escribir en este tiempo de dolor y tristeza. La alarma de la aplicación me sigue recordando la oración de la mañana y de la tarde. Podría contarte muchas cosas sobre el papel que Magnificat ha desempeñado en estos años de mi vida. Si es cierto que el Señor llama de muchas formas, algo de su llamada ha aleteado entre sus delicadas páginas.

Gracias, amigo. Tus líneas son un soplo de ánimo en el comienzo del nuevo curso.

A todos, ¡feliz curso 2020-2021!

En Jesús y María,