El artículo del mes

Centenario de las apariciones de Fátima por Francisco María Fernández Jiménez

La actualidad del mensaje de Fátima

Cuando nos disponemos a celebrar el centenario de las apariciones de Fátima, nos preguntamos sobre la actualidad de su mensaje para el cristiano de hoy. Para poder descubrirlo, lo primero es conocerlo bien y, para ello, nada mejor que leer las Memorias de la Hermana Lucía. En ellas se nos narran, entre otras cosas, los men­sajes que la Virgen dirigía a los niños videntes. He querido entresacar de ellos algunos aspectos que siguen teniendo actualidad, especialmente en nuestro siglo XXI.

Lo primero de todo es destacar la idea central que recorre estos mensajes: la gran preocupación de nuestra Señora por los pecadores que están en situación de con­denación. En Fátima, la Virgen aparece como la madre que busca el bien de sus hijos y desea poner remedio a la desgracia de tantos hombres y mujeres que ofenden gravemente a Dios y, por ello, están en peligro de ser condenados al infierno por toda la eternidad. Para ello, propone a los niños la oración, especialmente del Santo Rosario, la penitencia y la consagración a su Inmaculado Corazón. Veamos cada uno de ellos.

 

Oración de intercesión

 

No se puede negar que el valor de la oración de inter­cesión por los pecadores es uno de los grandes pilares del mensaje de Fátima. Ya en las apariciones del ángel a los tres pastorcitos en 1916, lo primero en que les insiste es en la oración y les enseña una para que no dejen de rezarla: «Dios mío, yo creo en ti, yo te adoro, yo te espero y yo te amo. Te pido perdón por los que no creen, no te adoran, no te esperan y no te aman». Luego de haber dirigido esta oración tres veces, les dijo: «Orad de esta forma. Los corazones de Jesús y María están listos para escucharos». (Memorias de la Hermana Lucía I [Fátima 2012] 78).

 

SantoRosario

 

En las apariciones de la Virgen, ella no deja de exhor­tarlos al rezo diario del Santo Rosario, como oración prin­cipal de su mensaje. Por eso, la oración por antonomasia de Fátima es el Rosario y ella misma quiso llamarse Nues­tra Señora del Rosario. Al rezo del Santo Rosario, María añade una pequeña oración para suplicar después de cada misterio: «Oh buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia».

Para insistir en la importancia de la oración, la Madre de Dios enseña a los niños, después de anunciarles que iban a ir al cielo, la situación de los condenados en el infierno. Esto mueve a los videntes a orar y sacrificarse con más ahínco por las almas que están en peligro de condenación. Este es un aspecto del que hoy no se quiere hablar y que está presente en todas las apariciones. María muestra a los pastorcillos la desgracia mayor de las almas y que se puede evitar a través de la oración y el sacrificio. Debe­ríamos aprender de nuestra Madre a no obviar lo más importante para la vida del hombre: alcanzar la vida de los bienaventurados.

Otro camino para alcanzar esa vida es la devoción a su Inmaculado Corazón: «Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacéis lo que yo os diga, se salvarán muchas almas, y tendrán paz» (Memorias, 121). Finalmente, para mostrar el valor de la oración de intercesión, la Virgen les dijo a los niños el 19 de agosto de 1917: «Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues muchas almas se van al infierno por no tener quien se sacrifique y pida por ellas» (Memorias, 178).

 

Penitencia

 

Junto a la oración, tenemos el segundo pilar del men­saje de Fátima: el valor del sacrificio y la penitencia. Así, ya el 13 de mayo de 1917 la Virgen María les pregunta a los niños: «¿Queréis ofreceros a Dios, para soportar todos los sufrimientos que él quiera enviaros en acto de reparación por los pecados con que él es ofendido? –Sí, queremos– fue nuestra respuesta. –Tendréis, pues, que sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestra forta­leza» (Memorias, 82).

Nótese el interés de la Virgen en pedir a unos niños que soporten los sufrimientos en reparación por los pecados cometidos, punto integrante de la devoción al Corazón de Jesús, íntima e indisolublemente ligada a la devoción al Inmaculado Corazón de María. Este punto hoy en día no parece muy actual. Apenas se habla a los niños en nuestras catequesis del tema de la penitencia y de la reparación. Es más, se nos tacharía de antipedagógicos. En cambio, la Virgen María les expone a los niños esta necesidad como algo muy importante, y los niños aceptan gustosos.

Mas en el sufrimiento, la Virgen no deja solos a los niños, como tampoco hace con los adultos, pues conoce la debilidad del hombre, por eso promete la asistencia de su Corazón: « –Y tú, ¿sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te abandonaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refu­gio y el camino que te conducirá a Dios» (Memorias, 83). Deberíamos, pues, tomarnos en serio este aspecto un poco olvidado hoy pero no menos importante.

 

Consagración al Corazón de María

 

La reparación al Inmaculado Corazón de María es un aspecto muy ligado al mensaje de Fátima, un baluarte seguro frente al enemigo. Si bien la Virgen no deja de hacer referencias a su Inmaculado Corazón en las apari­ciones en Fátima, es en Pontevedra en 1925 donde ofrece el modo querido por Dios de repararlo. Este es el men­saje de la Virgen:

«Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfe­mias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que, durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando en los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas» (Memorias, 192).

En conclusión, el Inmaculado Corazón de María, lleno de misericordia hacia el pecador, es el centro del mensaje de Fátima. En efecto, el mensaje de Fátima, que incluye la devoción al Inmaculado Corazón de María, está lleno de advertencias sobre la necesidad de conversión para la salvación de las almas. Para ello, es necesaria una vida de oración y de sacrificio, y el rezo del Santo Rosario junto a la consagración a su Corazón para impetrar el per­dón para las almas en peligro de condenación. A esto se suma la devoción de los cinco primeros sábados de mes. Todo ello hoy sigue totalmente vigente y es la esencia del mensaje de Fátima. l

 

 

Francisco María Fernández Jiménez

El autor es profesor de Mariología y Director del Instituto Superior de Estudios Teológicos «San Ildefonso» de Toledo.