Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esencia de la vida cristiana. Nuestra oración por el sucesor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tierra, y con el papa León…»
El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apostolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito concreto que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.
Recemos para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, ayudando a superar el estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales.
La salud es uno de los dones más grandes con que se puede contar. Es mejor no ganar la lotería y tener salud… Solemos referirla a lo corporal, pero el hombre es cuerpo y espíritu, y a veces la enfermedad toca la salud mental. Esta conlleva un dolor mucho mayor, a veces infernal. Ayudar a los enfermos de este tipo forma parte también de la misión de la Iglesia. Para muchos es desconocido lo que padecen estos enfermos y puede existir la tentación de alejarse de ellos, «estigmatizándolos o discriminándolos», como reza la petición de oración del Papa. Asumir que son «imagen y semejanza» de Dios, y, por tanto, llamados a la bienaventuranza eterna, debe motivarnos a rezar por ellos y a integrarlos entre nuestros intereses y atenciones. l
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Alo largo de su vida, [santa Teresita] no obró milagros, sino que se hizo santa de manera tan sublime en la rutinaria y oscura vida cotidiana. Lo que vale, en efecto, no es lo que hacemos, sino el modo de hacerlo, la intención y el amor con que lo realizamos (…). ¿Cuál fue su intención? Agradar a Jesús, al Niño Jesús, he ahí el amor puro. Soportar con amor las pequeñas cruces diarias, trabajar con amor, vivir de amor, ser como un niño pequeño que, con caricias de amor, conquista la benevolencia del corazón de sus padres (…). Nos enseña una confianza sin límites en el amor misericordioso de Dios, del que Ella [la Inmaculada] es personificación.
San Maximiliano Kolbe,
sobre santa Teresa del Niño Jesús
Ofrecimiento diario
por la Iglesia y por el mundo
V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.
R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él
por la redención del mundo.
Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu reino.
Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.




