Oremos por las intenciones , del papa León confiadas, a su «Red Mundial de Oración», durante el mes de julio de 2026

Por Pablo Cervera Barranco

Por Pablo Cervera Barranco

julio 1, 2026

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Oremos por las intenciones , del papa León confiadas, a su «Red Mundial de Oración», durante el mes de julio de 2026

Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esencia de la vida cristiana. Nuestra oración por el sucesor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la ­tierra, y con el papa León…»

El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apos­tolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito concreto que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.

Oremos por el respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas, reconociéndola como un don de Dios.

Desde el instante en que se produjo el pecado original, la vida ha estado siempre en vilo en la historia de la humanidad: Caín mató a su hermano Abel, sin respetar lo más precioso de la humanidad. Poco han cambiado las cosas tras tantos milenios: guerras, abortos, eutanasia, asesinatos… La vida no es apreciada. El Papa pide que oremos por el don más precioso que Dios ha regalado a los hombres. Sobre el don no hay derecho de manipulación ni dominación, sino acogida agradecida. Desde la concepción hasta la muerte natural, la humanidad está ante algo que no le pertenece ni puede someter. Ante el don de la vida por parte de Dios, solo queda el asombro en la acogida, el agradecimiento. l

 

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La forma peculiar del apostolado individual y, al mismo tiempo, signo muy en consonancia con nuestros tiempos, y que manifiesta a Cristo viviente en sus fieles, es el testimonio de toda la vida seglar que fluye de la fe, de la esperanza y de la caridad. Con el apostolado de la palabra, enteramente necesario en algunas circunstancias, anuncian los laicos a Cristo, explican su doctrina, la difunden cada uno según su condición y saber y la profesan fielmente. Cooperando, además, como ciudadanos de este mundo, en lo que se refiere a la ordenación y dirección del orden temporal, conviene que los laicos busquen a la luz de la fe motivos más elevados de obrar en la vida familiar, profesional y social, y los manifiesten a los otros oportunamente, conscientes de que con ello se hacen cooperadores de Dios Creador, Redentor y Santi­ficador y de que lo glorifican. Por fin vivifiquen los laicos su vida con la caridad y manifiéstenla en las obras como mejor puedan. Piensen todos que con el culto público y la oración, con la penitencia y con la libre aceptación de los trabajos y calamidades de la vida, por la que se asemejan a Cristo paciente, pueden llegar a todos los hombres y ayudar a la salvación de todo el mundo.

Apostolicam actuositatem, 16

 Ofrecimiento diario
por la Iglesia y por el mundo

V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.

R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él
por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros peca­dos
y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.

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Pablo Cervera Barranco

Cristo en el mar de Galilea, círculo de Jacopo Tintoretto (probablemente Lambert Sustris), artista anónimo —veneciano, 1518 o 1519-1594. Galería Nacional de Arte, Nueva York