El artículo del mes

El pecado (6) por Cardenal Tomáš Špidlík, SJ ( † )

 Todos los pecados pueden ser perdonados

   Al igual que todos los demás conceptos, también el pecado es explicado progresivamente en las Escrituras, ya en el Antiguo Testamento. Pero la profundidad de su maldad aparece solo en el Nuevo Testamento junto con la redención de Cristo. Dios revela la gravedad de la enfermedad solo en el momento en que nos brinda el remedio efectivo.

  La enseñanza moral se ha comparado con un díptico sobre el cual, desde la antigüedad, se ha escrito. Por un lado está escrito: «El pecado es el mal mayor». Pero, por el otro, leemos: «Todos los pecados pueden ser perdonados, purificados, por la penitencia».

  La comparación bíblica habla del vestido escarlata que quedará más limpio que la nieve (Sal 50,9). En la antigüedad, las telas de color escarlata eran muy estimadas precisamente porque conservaban el color. Dios, por lo tanto, al purificar al hombre, hace lo que es imposible por naturaleza. Se trata, por lo demás, de la razón que a menudo recorre la Biblia.

   Dios siempre entra en la historia cuando los hombres corrompen el bien que el Creador les ha ofrecido. El perdón de los pecados es «la nueva creación» o, como dice san Agustín, una obra mejor de la creación. También se da aquí una circunstancia maravillosa: que nosotros mismos podemos y debemos cooperar con la penitencia.

  «Un gran mal es el pecado», escribe Cirilo de Jerusalén, «pero no es incorregible. Es pesado para aquellos que quieren mantenerlo, pero es ligero para aquellos que lo rechazan con arrepentimiento. Imagina que tienes un carbón encendido en la mano. Quema durante todo el tiempo que lo sujetas. Si tiras el carbón, te deshaces de lo que te quemaba».

   

Cardenal Tomáš Špidlík, SJ ( † )

(Traducción del original italiano realizada por Ángela Pérez García)

El autor, jesuita nacido en 1919 en Moravia y fallecido en Roma el día 16 de abril de 2010, fue profesor del Instituto Oriental Pontificio; desde 1991 vivía y trabajaba en el Centro Aletti (Roma). Es conocido y apreciado en el mundo entero como estudioso de teología espiritual patrística y oriental. Muchas de sus innumerables obras se han traducido al castellano.)